terça-feira, 27 de agosto de 2013

¿Qué es la bioeconomía o economía ecológica?

Vivimos en un mundo finito. ¿Acaso lo hemos olvidado? Muchos pensadores, a lo largo de la historia, han alertado de los límites del crecimiento económico y del riesgo de la sobreexplotación de los recursos naturales. Uno de ellos fue Kenneth Boulding (1918-1993). Este economista y presidente de la American Economic Association afirmó lo siguiente: “Quien crea que el crecimiento exponencial puede durar eternamente en un mundo finito, o es un loco o es un economista”. Pero ¿existe otra forma mejor y menos destructiva de crecer económicamente? 

Marina Pérez | 5/8/2013
Expertos en geología y recursos energéticos estiman que la humanidad ha consumido, en tan sólo cien años, cerca de la mitad del petróleo existente inicialmente. Esto significa, que las generaciones venideras se enfrenta al descenso de la disponibilidad de este recurso, que es el que sostiene el sistema económico y el modo de vida actual. 

Por eso un planteamiento diferente de la economía es necesario y urgente. La idea de reconciliar economía y ecología surge con fuerza en los años sesenta. Es en esta época, cuando pensadores y economistas, críticos con el sistema capitalista, empiezan hablar sobre la bioeconomía. La presentan como una alternativa de futuro. Una economía que no solo tiene en cuenta las ganancias y la productividad, sino los recursos naturales, esenciales para la vida. 

¿Qué es la bioeconomía? 

La bioeconomía es la ciencia de la gestión de la sustentabilidad. Su finalidad es alcanzar un desarrollo socio-económico sostenible, a través de un uso eficiente de los recursos naturales. No es una rama de la teoría económica, sino un campo de estudio transdisciplinar, en el que participan además de economistas, científicos de otras áreas como la biología, la física etc. 

Uno de los padres de la bioeconomía fue Nicholas Georgescu-Roegen (1906-1994). Este prestigioso economista rumano publicó en 1971 La ley de la entropía y el proceso económico. Aseguró que “no incluir las leyes de la biología y la termodinámica en la economía era un grave error”. 

Georgescu-Roegen fue acusado de pesimista porque sus teorías eran totalmente opuestas al orden económico tradicional. Sin embargo, sus palabras cobran fuerza ante desafíos globales como: el aumento de la población (según la ONU la población del mundo alcanzará en el 2050 la cifra de 9.000 mil millones de habitantes), el fin del petróleo, la escasez de agua potable o el cambio climático entre otros. 

Afirmó que “La economía debe ser una rama de la biología (…).Somos una de las especies biológicas de este planeta, y como tal estamos sometidos a todas las leyes que gobiernan la existencia de la vida terrestre”.

Principios básicos de la Economía Ecológica

Algunos de los principios fundamentales de la economía ecológica son:

- Defender el medio ambiente y asegurar la capacidad de regeneración de la biodiversidad. 

- Cerrar los ciclos de materia. En la naturaleza no existe el concepto de residuo, los deshechos de unos seres vivos se convierten siempre en el alimento de otros. 

- Centrar la producción y el consumo en lo local. 

- Actuar desde lo colectivo. En la evolución de la naturaleza ha sido más importante la cooperación que la competencia. Somos seres interdependientes. 

- Promover la mejora del bienestar y la equidad social. 

- Usar recursos renovables y energías limpias para evitar la destrucción y contaminación de los ecosistemas. 

- Fomentar la creación de grupos transdisciplinares para poder comprender el funcionamiento de la realidad económica.

- Impulsar un desarrollo humano equitativo, los bienes comunales, el progreso local y regional equilibrado, el comercio justo, el acceso igualitario al conocimiento, los derechos sociales, unos salarios dignos, una reforma agraria real y el acceso libre al agua. 

Del “Homo oeconomicus” al “Homo bioeconomicus”

Para Monsour Mohammadian, uno de los más importantes exponentes de la teoría de la bioeconomía en la actualidad, existe un “Homo oeconomicus y un Homo bioeconomicus”. El primero es un ser avaro, sin sentimientos, depredador. El segundo un ser satisfecho con lo que posee, sensible a las necesidades de los demás y a las realidades sociales, económicas, biológicas y ambientales. El "Homo bioeconomicus", un ser cooperativo y en armonía con su medio, puede cambiar la cultura de avaricia y el despilfarro, por la cultura de suficiencia y conservación. Así, también ayudará a infundir el don de la solidaridad y fraternidad, a establecer las condiciones sociales necesarias para promover la sostenibilidad y las relaciones de confianza entre los seres humanos. 

Este profesor y catedrático del Instituto de Ciencias Ambientales de la Universidad Complutense de Madrid, afirma que “para aliviar la inmensa carga de la pobreza que pesa sobre la humanidad será preciso desarrollar una empresa socioeconómica novedosa que pueda hacerlo con el mínimo sufrimiento para la gente, con el mínimo daño al medio ambiente y el menor daño a la biodiversidad y manteniendo al mismo tiempo su capacidad de regeneración. Es decir una, empresa bioeconómica que da tanta importancia al capital social y capital biológico como al capital monetario. 

La pregunta que debemos hacernos es: ¿seremos capaces de desechar la mentalidad del despilfarro por la que nos regimos y cambiarla por un nuevo sistema que no deseche ni recursos ni personas y que respete los límites de la naturaleza? 

Más información: 

Asociación de Economía Ecológica en España: http://www.ecoecoes.es/ 

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